Este es el Blog de los Maestros de Plastica de la escuela Nº14 D.E. 7 "Ernesto Padilla"
miércoles, 8 de abril de 2020
Laberinto del Minotauro y Teseo. Plástica 6B.
Seguimos con el Laberinto del Minotauro y Teseo. Vamos crear cada uno con materiales que encuentre en casa, un Laberinto 3D, podemos utilizar materiales que encuentre en casa, alguna caja que no se use o tapa de caja de cartón, cajón de madera o todo tipo de materiales que pueda servirme. Dibujar los personajes de la historia que leyeron y ubicarlos dentro, y sacar fotitos de los recorridos. Recuerden que tiene que haber una entrada, salida y caminos sin salida también!! 😁 Les comparto algunas imágenes para que puedan inspirarse y usar su creatividad 📦✂️🖌️🎨😃
6° A Plástica Prof Juan Degregorio #mequedoencasa
Hola chicos, chicas y familia.
Aquí les traigo un corto realizado con la técnica de stop-motion, que consiste en fotografías fijas, posteriormente animadas en el montaje. es lo que comúnmente se denomina animación por fotograma; de esa manera nació el cine.
Vean el corto, y después en una secuencia de 4 o 5 cuadros, sin texto, intenten contar que pasa y por que.
Usen el material que tengan en casa
https://www.youtube.com/watch?v=1me6SQIYfX8&list=PL383E316781B1805A&index=41
Aquí les traigo un corto realizado con la técnica de stop-motion, que consiste en fotografías fijas, posteriormente animadas en el montaje. es lo que comúnmente se denomina animación por fotograma; de esa manera nació el cine.
Vean el corto, y después en una secuencia de 4 o 5 cuadros, sin texto, intenten contar que pasa y por que.
Usen el material que tengan en casa
https://www.youtube.com/watch?v=1me6SQIYfX8&list=PL383E316781B1805A&index=41
Plástica 3ro A
Hola Chicos! Cómo están? Continuamos con las actividades desde casa #cuidándonosentretodos🙌
Esta vez vamos a buscar en casa, una cajita de cartón, puede ser de fósforo, de remedios, o de envase de alimento arroz o jabón en polvo. Y usando la imaginación vamos a crear una escena cortando y pegando figuras, sobre hojas o cartoncitos recortando, pegando y coloreando. Usando la creatividad puedo hacer una pequeña ciudad o un paisaje. Observar la imagen para tomar de modelo😊📦✂️🎨🖌️🖼️.
Hasta la próxima 😁
lunes, 6 de abril de 2020
Plástica Actividad para chicos 1ros A y B.
Vamos hacer unas formas de Caritas con cartón o papel que tengamos en casa, ovaladas, como las de la imágen de ejemplo. Cortarlas a la mitad, para poder intercambiarlas.
Les vamos dibujar los ojos y boca. Con distintas expresiones: alegría, enojo, tristeza, sorpresa, ... Hacer varias para poder intercambiar. Sacar fotitos de producción 😆🖌️🎨🖼️😃 podemos pintarlas también!!!
Plástica 5 B
Retrato Cubista. 5B Plástica
Seguimos con las líneas rectas y curvas, está vez vamos a observar unas imágenes de Retratos Cubista, de Pablo Picasso, un pintor español que dibujaba y pintaba a través de formas geométricas creando un estilo propio. En argentina había otro pintor que también representante del estilo Cubista llamado Pettoruti.
En base a las imágenes de los retratos de ejemplo, cada uno va hacer un Retrato de una persona conocida o inventada, utilizando los materiales que tenga en casa colores crayones, lápices o marcadores. Recuerden ponerle nombre y grado a la hoja que utilicen🖍️
Prof. Paula🖌️🎨🖼️😃#nosquedomosencasa
Actividad de Plástica para 5° y 6° Grado A Prof. Juan Degregorio #mequedoencasa
Hola chicos y familia:
Les traigo este hermoso cuento de Elsa Borneman.
1- Leerlo despacio saboreando las palabras
2- Traten de dibujar imágenes basadas en las emociones que el cuento genera en ustedes
3- Si se animan, pueden intentar dibujar un final alternativo
4- Realizar en la medida sin apuro ni presión con los materiales que dispongan en casa
5- Divertirse
Les traigo este hermoso cuento de Elsa Borneman.
1- Leerlo despacio saboreando las palabras
2- Traten de dibujar imágenes basadas en las emociones que el cuento genera en ustedes
3- Si se animan, pueden intentar dibujar un final alternativo
4- Realizar en la medida sin apuro ni presión con los materiales que dispongan en casa
5- Divertirse
Uno más uno
A los cinco años planté un nombre. Aún no sabía escribir, y el jardín de casa me reservaba un lugar mágico, bajo las azaleas cultivadas por papá. Allí lo pronuncié por primera vez:
- Pa-blo… - Los sonidos saltaron sobre mi mano izquierda, que me cruzaba la boca para recogerlos uno por uno. Tenía miedo de que se me cayera alguno. De ese modo ¡zas!, la magia rota y Pablo se me perdería para siempre. Pero no. Los duendes me querían entonces: Los sentí chocar contra mi piel y cerré la mano con fuerza. Ya era mío.
Después, lo planté apresurada, para que mis hermanas mayores no descubrieran el secreto y corrí al comedor, donde ellas y mis padres me esperaban para almorzar. Todos estaban alegres aquel domingo… Yo también: Acababa de plantar el nombre de mi amigo.
Ah… No podía contárselo a nadie: ¡Yo no conocía a ningún chico que se llamara Pablo! ¡Cómo se iban a reír mis hermanas, si les decía que me había inventado un amigo! ¿Y mi mamá? Seguramente me volvería a repetir que mis amigos verdaderos eran Lucas, Teresa, Carlitos, Raquel o Angélica, los hijos de nuestros vecinos…
¿Y papá? Papá se limitaría a responderme con un dulce silencio… ¿Quién iba a entender que yo necesitaba un Pablo, y que sabía que alguna tarde tenía que aparecer, porque había plantado su nombre con amor?
El tiempo que hubiera de esperarlo no me importaba. Es más, el tiempo no tenía entonces, para mí, ninguna importancia…
Cuando cumplí seis años ingresé en primer grado y aprendí a escribir, como todos los chicos.
-Bla, ble. Bli, blo, blu- leí una mañana a coro, junto con mis compañeros, mientras la maestra escribía esas sílabas en la pizarra, con tizas de colores.
Ble era un caBLE amarillo…
Bli, una taBLIta verde…
Blu, una BLUsa colorada…
Bla, todo lo BLAnco…
¿Y Blo? El corazón me atropelló el guardapolvo: ¡Blo era PaBLO! ¡Y azul!
-PaBLO es el carpintero de mi pueBLO- nos dictó más tarde la maestra. Y en mi cuadernito, generosamente abierto como la tierra del jardín de casa, escribí el nombre de mi amigo por primera vez. En el mismo momento, me pareció oír un canto o un silbo… Un canto o un silbo breve, tan breve como es todo lo mágico. Tan hermoso, igual de inexplicable.
Terminaron las clases. Y sí. Sí. Sí y sí: Ese verano, tropecé con Pablo: Digo que tropecé, porque realmente sucedió así. Él doblaba una esquina de mi casa, arrastrando una rama contra la pared. Yo caminaba en dirección contraria. De golpe, el encuentro. A puro sol. De frente.
Nos miramos entre aleteos. (Todavía sobraban las mariposas…)
-¡Hola!- me gritaron Lucas, Teresa, Carlitos y Raquel, que venían siguiéndolo. –Es el nieto de don Gregorio…- me dijo Lucas.
-…que vino de campo…- agregó Carlitos.
-… a pasar las vacaciones en la ciudad- completó Raquel, excitada.
-Ésta es Elsita, Pablo.- Teresa nos presentó.
¡Ja! ¡Como si hubiera hecho falta! ¡Al amigo se le reconoce por los ojos! Y nosotros dos mirándonos, ya nos habíamos reconocido.
Esa noche, volví al jardín y desenterré su nombre: ¡Mi amigo Pablo había aparecido por fin!
¿Cómo contarles lo que nos dimos? Necesitaría palabras hechas a mano, de esas que únicamente ustedes, los chicos, son capaces de dibujar… (Yo ya soy grande y uso máquina de escribir…) Sin embargo, creo que puedo ayudarlos para que lo imaginen: Aquel verano fue la suma de uno más uno. Reímos, cómplices los dos, y lloramos a dúo.
Aquél verano fue una plaza, donde juntos perseguimos –con los ojos. Los mismos pájaros…
Aquel verano fue una siesta, en la que ambos –en puntas de pie- escuchamos campanear nuestros zapatos sobre un sueño que solamente nosotros dos sabíamos que era común.
Al gastarse las vacaciones, Pablo volvió a su provincia. Marzo había venido a buscarlo. Marzo se fue, llevándolo.
No nos volvimos a ver.
Fuimos amigos durante un verano.
Amigos a más no poder. Un verano solo, amigos.
Un único verano.
Uno.
Ya les dije que el tiempo entonces, para mí, no tenía la menor importancia.
Para Pablo tampoco.
No puedo escribir más: En este momento me parece oír un canto o un silbo… Un canto o un silbo breve, tan breve como es todo lo mágico. Tan hermoso.
Igual de inexplicable...
- Pa-blo… - Los sonidos saltaron sobre mi mano izquierda, que me cruzaba la boca para recogerlos uno por uno. Tenía miedo de que se me cayera alguno. De ese modo ¡zas!, la magia rota y Pablo se me perdería para siempre. Pero no. Los duendes me querían entonces: Los sentí chocar contra mi piel y cerré la mano con fuerza. Ya era mío.
Después, lo planté apresurada, para que mis hermanas mayores no descubrieran el secreto y corrí al comedor, donde ellas y mis padres me esperaban para almorzar. Todos estaban alegres aquel domingo… Yo también: Acababa de plantar el nombre de mi amigo.
Ah… No podía contárselo a nadie: ¡Yo no conocía a ningún chico que se llamara Pablo! ¡Cómo se iban a reír mis hermanas, si les decía que me había inventado un amigo! ¿Y mi mamá? Seguramente me volvería a repetir que mis amigos verdaderos eran Lucas, Teresa, Carlitos, Raquel o Angélica, los hijos de nuestros vecinos…
¿Y papá? Papá se limitaría a responderme con un dulce silencio… ¿Quién iba a entender que yo necesitaba un Pablo, y que sabía que alguna tarde tenía que aparecer, porque había plantado su nombre con amor?
El tiempo que hubiera de esperarlo no me importaba. Es más, el tiempo no tenía entonces, para mí, ninguna importancia…
Cuando cumplí seis años ingresé en primer grado y aprendí a escribir, como todos los chicos.
-Bla, ble. Bli, blo, blu- leí una mañana a coro, junto con mis compañeros, mientras la maestra escribía esas sílabas en la pizarra, con tizas de colores.
Ble era un caBLE amarillo…
Bli, una taBLIta verde…
Blu, una BLUsa colorada…
Bla, todo lo BLAnco…
¿Y Blo? El corazón me atropelló el guardapolvo: ¡Blo era PaBLO! ¡Y azul!
-PaBLO es el carpintero de mi pueBLO- nos dictó más tarde la maestra. Y en mi cuadernito, generosamente abierto como la tierra del jardín de casa, escribí el nombre de mi amigo por primera vez. En el mismo momento, me pareció oír un canto o un silbo… Un canto o un silbo breve, tan breve como es todo lo mágico. Tan hermoso, igual de inexplicable.
Terminaron las clases. Y sí. Sí. Sí y sí: Ese verano, tropecé con Pablo: Digo que tropecé, porque realmente sucedió así. Él doblaba una esquina de mi casa, arrastrando una rama contra la pared. Yo caminaba en dirección contraria. De golpe, el encuentro. A puro sol. De frente.
Nos miramos entre aleteos. (Todavía sobraban las mariposas…)
-¡Hola!- me gritaron Lucas, Teresa, Carlitos y Raquel, que venían siguiéndolo. –Es el nieto de don Gregorio…- me dijo Lucas.
-…que vino de campo…- agregó Carlitos.
-… a pasar las vacaciones en la ciudad- completó Raquel, excitada.
-Ésta es Elsita, Pablo.- Teresa nos presentó.
¡Ja! ¡Como si hubiera hecho falta! ¡Al amigo se le reconoce por los ojos! Y nosotros dos mirándonos, ya nos habíamos reconocido.
Esa noche, volví al jardín y desenterré su nombre: ¡Mi amigo Pablo había aparecido por fin!
¿Cómo contarles lo que nos dimos? Necesitaría palabras hechas a mano, de esas que únicamente ustedes, los chicos, son capaces de dibujar… (Yo ya soy grande y uso máquina de escribir…) Sin embargo, creo que puedo ayudarlos para que lo imaginen: Aquel verano fue la suma de uno más uno. Reímos, cómplices los dos, y lloramos a dúo.
Aquél verano fue una plaza, donde juntos perseguimos –con los ojos. Los mismos pájaros…
Aquel verano fue una siesta, en la que ambos –en puntas de pie- escuchamos campanear nuestros zapatos sobre un sueño que solamente nosotros dos sabíamos que era común.
Al gastarse las vacaciones, Pablo volvió a su provincia. Marzo había venido a buscarlo. Marzo se fue, llevándolo.
No nos volvimos a ver.
Fuimos amigos durante un verano.
Amigos a más no poder. Un verano solo, amigos.
Un único verano.
Uno.
Ya les dije que el tiempo entonces, para mí, no tenía la menor importancia.
Para Pablo tampoco.
No puedo escribir más: En este momento me parece oír un canto o un silbo… Un canto o un silbo breve, tan breve como es todo lo mágico. Tan hermoso.
Igual de inexplicable...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)